Hola, soy Carlota Oliver,
Psicoterapeuta especializada en maternidad y coach en respiración consciente.

Ser madre ha sido un antes y un después en mi vida, un punto y aparte donde una parte de mi despertó y volvió a nacer.
Todo empezó en el embarazo, me sentía fuerte, enérgica, emocionalmente a flor de piel. Desde ahí empecé a leer mucho sobre maternidad consciente, sobre el parto, sobre nutrición y conecté con una parte de mi desconocida, una parte auténtica que decía más de mi misma de lo que había sido en toda mi vida.
En ese momento me encontraba trabajando en una firma de moda gestionando las ventas nacionales e internacionales y liderando un pequeño equipo. Tenía un trabajo estable que me gustaba pero no era mi camino.
Me había licenciado en psicología y había hecho un master en Coolhunting e Investigación de Tendencias sin tener muy claro hacia dónde ir. Una conocida me propuso el trabajo y me lancé. Fueron años bonitos donde aprendí mucho, dónde me casé con una persona maravillosa y decidí que quería ser madre.
En el 2016 me convertí en madre de Raimon y sentí que mi lugar estaba con mi hijo. A pesar de las dudas e inseguridades, encontré el valor para dejar mi trabajo y dedicarme a cuidar y criar a mi hijo durante su primer año de vida. Fue un año intenso, lleno de amor, de introspección y de felicidad.
Entretanto me formé en nutrición, como life coach y como breathe coach, descubrí el poder de la respiración consciente y de la alimentación emocional, la que todos necesitamos para sobrevivir. También cree Coolmamas, una plataforma para dar lugar a historias y realidades de diferentes madres que admiro.
Dos años más tarde llegó Camila y con ella una nueva maternidad, con nuevos sentimientos, nuevos retos y nuevos aprendizajes. Fue entonces cuando aterricé y toque fondo. La bimaternidad fue muy dura para mi. Creía que podría con todo, pero me desbordó. Me sentía muy sola, necesitaba relacionarme con adultos, pero lo vivía todo en silencio… Ahí empecé a indagar, a trabajarme interiormente con una terapeuta maravillosa que me ayudó mucho a nutrirme, a cuidarme, a aceptar mis sombras y todo lo que no quería ver tanto de mi yo mujer como de mi yo madre. La maternidad empezó a convertirse en una experiencia transformadora donde me cuestioné mis creencias, mis valores, donde pude abrazar mis sombras para poder conectar con mi esencia.
Aprendí que la maternidad no tiene juicios, que cada madre lo hace lo mejor que sabe y puede y que necesitamos compartir, sentirnos comprendidas, sostenidas y amadas para poder maternar y nutrir a nuestros hijos como necesitan.
Siento que en estos cuatro años he crecido a la velocidad de la luz. Pero el camino no ha terminado, así que a día de hoy sigo caminando, tratando de superar los nuevos retos que la maternidad me pone a diario para seguir evolucionando, aprendiendo y creciendo tanto como madre como mujer.

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